Me encuentro aquí sentada, frente a todos ustedes, por una serie de sucesos que llevan años sucediéndose.
Creo que el primero fue encontrar en la escritura un lugar de desahogo. De a poco, cada momento de mi vida, fue quedando registrado en tinta y papel.
La imaginación fue creciendo y así logré dejar de escribir solamente sobre mí, incluyendo a otros, a la sociedad, e incluso a personas y mundos paralelos.
Descubrí, mientras canalizaba, creaba e imaginaba que la escritura era para mí un lugar seguro, donde podía pensar tranquila lo que quería decir, y así evitar enredarme al hablar en una nube de palabras sueltas.
Cuando la incertidumbre se fue acercando, y con ella, la decisión de que haría con mi futuro, encontré en una pregunta, una guía: ¿Por qué no hacer de esa escritura que fue mi aliada durante tantos años, una herramienta de trabajo?
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